Cada vez que me planteo sentarme a actualizar este blog, siempre me sale escribir la misma primera frase: llevo mucho sin pasar por aquí pero.

Y bueno, en esta ocasión, no iba a ser menos.

Pese a que la intención siempre está ahí, ser constante en cualquier cosa (y más en este contexto de pandemia mundial) se ha convertido en algo especialmente difícil para mi. Un poco como a todos.

En el 2020 todo saltó por los aires de una manera u otra y, aunque no voy a entrar en rememorar todo lo que ha supuesto y todo lo que ha pasado, es innegable que todo ha cambiado. Que todos hemos cambiado y somos un poco nuevas personas que aún están conociéndose porque nunca se han visto en esta.

Sin embargo, pese a lo malo y los llantos que produce toda esta incertidumbre sin fecha de caducidad y esta constante adaptación en la que vivimos, también ha habido cosas buenas. Por suerte, siempre las habrá.

Como autónoma, el 2020 me ha dado mucho miedo. Me he tambaleado hasta los cimientos y ha sido duro, no lo puedo negar.

Aún con todo, echo la vista atrás, y no puedo más que sentirme agradecida. He tenido la inmensa suerte de seguir teniendo trabajo y haber, incluso, crecido. He tenido nuevos proyectos maravillosos e ilusionantes que han confirmado, incluso en los momentos más difíciles, que me encanta mi trabajo.

Quería escribir este post para no olvidarlo nunca. Ni siquiera en los días en los que siento que el 2020 ha sido una pesadilla y todo mal.

El último año sido difícil, sí. Pero han pasado cosas nuevas tan bonitas como estas.

 

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Gracias 2020. Jamás te olvidaré.