Hace dos días fue mi primer aniversario de boda. Ya han pasado 365 días y no me he dado ni cuenta. Qué bonito, ¿no?

Según se iba acercando la fecha y flipaba con que ya iba a hacer un año del día más increíble de mi vida, pensaba todo el rato: Qué rápido pasa el tiempo cuando eres feliz.

También he dedicado muchas de las horas de los últimos días a revivir todo aquello. Los preparativos, los nervios, el chute de felicidad. He visto todas las fotos y el vídeo de la ceremonia como mil veces, y he vuelto a llorar al recordar lo maravilloso y perfecto que fue todo. Ojalá casarse todos los años.

Quizá porque estoy tan feliz de recordarlo, me han entrado ganas de compartir en este espacio lo que fue, cómo lo hicimos, y qué teníamos en la mente cuando organizamos esta boda. Y bueno, contar una historia de amor que eso siempre es bonito.

 

 

Dos amigos

Hugo y yo nos conocimos en una azotea de Madrid el 21 de Abril de 2006 y nos hicimos mejores amigos. Él tenía 18 años. Yo, 16. La más pura adolescencia corría por nuestras venas y éramos todo intensidad. Nuestro plan favorito era subir al tejado a divagar sobre la vida, hablar de música y cine, lanzar aviones de papel al aire con deseos, y escribir. Como decía, pura intensidad.

Nos sentíamos diferentes a nuestro entorno pero muy cómodos el uno con el otro y creo que por eso siempre supimos entendernos tan bien. Eso también hizo que, desde siempre, buscáramos en el otro esa conversación profunda que sabes que no puedes tener con cualquiera; que fuéramos el uno para el otro el mejor muro contra el que chocar cuando se trataba de mirar dentro y reconocer verdades.

Como buenos amigos, también nos enfadamos un millón de veces. Mucho y muy fuerte. Cada uno seguía con su vida largas temporadas y podíamos pasar meses sin hablar. Pero al final, siempre volvía a sonar el teléfono al cabo de un tiempo y todo volvía a ser como siempre.

A la pregunta de cuándo el amor de amigos mutó en amor romántico, fue de repente un día de 2015.

En todo ese tiempo, es real que no sentíamos atracción el uno hacia el otro. No éramos de esos amigos que viven en una infinita tensión sexual no resuelta durante años. Es más, decíamos que éramos hermanos porque nuestra relación y nuestro amor era más fraternal que otra cosa. Cada uno tenía sus parejas, su vida, sus amoríos.

Un día, Hugo se empezó a partir de risa por una tontería y yo sentí esa cosa que se siente en la tripa cuando alguien te gusta. No pudo ser más tonta la forma en la que me di cuenta de que me gustaba.

Lo que vino después fue bonito, y difícil, y confuso. No salió bien a la primera.

Fue necesaria la distancia y 2015 pasó a ser el año que no olvidaríamos pero que curaríamos.

Tras un tiempo separados, empezamos a vernos otra vez. Decidimos hacer las cosas de manera diferente.

Y así llegamos a la sorpresa más inesperada de mi vida.

 

The proposal

Era 21 de Abril de 2016 y se cumplían 10 años desde el día que nos conocimos. Ese día tuvimos una cita.

Quedamos en Moncloa y empezamos a pasear por el barrio en el que Hugo había crecido. Cuando llegamos al portal de su antigua casa me dijo: Ven.

Empujó la puerta, saludó al portero, y nos metimos en el ascensor.

Fue en la azotea de aquel edificio de Rosales donde nos conocimos y mientras subíamos, además de pensar: Nos estamos colando, nos van a pillar, también pensé que qué ilusión volver un día 21. El 21 de los 10 años.

Y llegamos arriba.

Y qué bonito. Aunque lo bonito de verdad estaba a punto de pasar y yo no lo sabía.

Empezamos a hablar y pronto me llegó el turno de sólo escuchar.

Entonces, mi mejor amigo del alma, me dijo cosas. Esas cosas sólo nuestras. De repente sacó una cajita del bolsillo y me la dio.

Cuando la abrí pues podéis imaginar mi cara. No me lo creía y me dolían los mofletes de sonreír. Como si todo eso fuera poco, se levanto la manga del jersey y me enseñó el brazo.

Se había tatuado un avión de papel.

Me preguntó si quería pasar el resto de mi vida con él  y obviamente dije sí. Mil veces sí.

 

 

En ese momento entendí que el matrimonio tiene muchas formas y significados y que cada dos dan sentido al suyo. El matrimonio no debería ser una idea genérica compartida por todos con términos y condiciones concretas, sino algo personal que sucede entre dos.

Nunca hubiera dicho que para mi casarme fuera importante o algo que tenía que hacer en la vida sí o sí. No era algo que me importase ni a lo que yo le diera especial valor.

Cuando la situación se presentó y nos comprometimos, lo vivimos como la reafirmación de algo mucho más grande que la definición genérica de matrimonio que da la RAE. Queríamos celebrar nuestro amor, especial y único, y reafirmar aún más que el camino hacia delante lo haríamos juntos.

No queríamos una boda. Queríamos una fiesta del amor.

 

La fiesta del amor

Si hay algo que sabíamos era que sería el 21 de Abril de 2017. Queríamos celebrar los 11 años dando un fiestón rodeados de las personas más importantes de nuestra vida. Sería íntimo y sencillo.

Dejamos volar nuestra imaginación y barajamos muchas ideas que encajaran con el concepto de boda que buscábamos para al final decidirnos por una fiesta en el campo. Después vino pensar en todo lo demás.

Cuando te sumerges en el mundo de las bodas te das cuenta de la locura que es. La oferta, los precios, las opciones. Te casas una vez y quieres tomar la mejor decisión a la primera, pero con cabeza. Así surgió la idea de la bodita indiemitad fiesta, mitad boda low cost en la que todo iba a estar hecho por nosotros.

Y aquí es cuando entramos en harina.

 

El sitio y la decoración 

La fiesta del amor tendría lugar en una antigua vaquería reformada en Galapagar y propiedad de unos amigos de la familia. La enorme encina del patio haría de carpa donde tendría lugar la ceremonia y el bosque cercano, de photocall

El espacio, en el que ya habían tenido lugar otras bodas, llevaba un tiempo sin usarse para este fin así que tocaba ponerlo a punto. Nosotros y nuestras familias pintamos cada barra y cada banco, y arreglamos el campo de alrededor. Hicimos todos los arreglos necesarios para dejar el espacio limpio y perfecto para la ceremonia.

En cuanto a la decoración, colgué unas bolas de papel de distintos colores y tamaños de Sostrene Grene en la encina, velas de Zara Home para las ventanas, y pequeños tarros de cristal con flores campestres para las barras. También había tres jarrones grandes con más flores, y hortensias blancas presidiendo la mesa de la ceremonia. 

 

 

El vestido de novia y el traje de novio

Por si lo dudabais, un traje de novia es muy caro. Después de un primer vistazo, me parecía inmoral pagar más de cierta cantidad de dinero por un vestido que me iba a poner un día en la vida. Así surgió una de las primeras decisiones importantes que tomé como novia: No compraría nada a lo que no pudiera darle una utilidad después del gran día.

Y me fui a Hoss Intropia, una de mis tiendas favoritas cuando se trata de elegir un vestido para una boda (incluso la tuya). Aún no existía eso de Intropia Atelier así que elegí un vestido de invitada (que además pudiera usar en otra boda en el futuro) en tonos crema y rosa palo. Tuve un crush con él nada más verlo.

 

 

Para abrigarme, elegí una chupa de cuero rosa palo de Maje.

 

 

Luego le tocó el turno a los zapatos. Aquí le daré las gracias toda la vida a mi madre porque insistió mucho en eso de: Sólo te casas una vez. Fue ella quien me enseñó unos zapatos de Miu Miu que le encantaban y resultó que a mi también. Me parecían perfectos, cómodos, diferentes y perfectamente ponibles para cualquier evento futuro. Me gasté más que en el vestido y aún así, con todo, el look de novia no superó los 1.200 euros.

En cuanto al novio más guapo de todos, lució un traje negro de Massimo Dutti y una preciosa camisa floral hecha a medida para él de La Antigua.

Y así fuimos. Guapos y muy fieles a nuestros gustos.

 

 

 

El ramo de novia

No tenía ninguna duda de que mi ramo de novia sería de Bourguignon Floristas. Además de por lo obvio, que es que trabajo con ellos desde hace años, tenía una razón emocional. Durante toda mi vida, siempre he oído a mi madre contar que en su primera boda con 19 años llevó un espectacular ramo de orquídeas de Bourguignon. Ciertamente lo era.

Cuando empecé a trabajar con ellos me hizo mucha ilusión. Iba a formar parte de algo que también formaba parte, en cierto modo, de la vida de mi madre. Ahora, como novia, podía seguir con esa historia y llevar en mi boda un ramo de Bourguignon como hizo ella.

Y nada podía hacerme más ilusión.

 

 

La ceremonia 

Cómo sería el momento del sí quiero era de lo poco que tuvimos claro desde el principio. La ceremonia la oficiaría Al, el mejor amigo de Hugo desde pequeños, vestido de Stormtrooper. Como fans incondicionales de la saga, si teníamos un sueño, ese era que nuestra boda fuera una Star Wars Weeding.

Cuando todos los invitados estuvieran sentados, él entraría mientras suena de fondo The Imperial March. Daría paso a la novia mientras suena la canción de la princesa Leia. Entrarían primero mis hermanos y sobrinas, y finalmente yo. Iría cogida del brazo de Paloma, mi hermana melliza que, a la vez, llevaría en brazos a Candela, mi sobrina de 10 meses.

Sería una ceremonia divertida en la que hubiera cabida para todo y en la que los novios también tuvieran algo que decir. Amigos, familia, y nosotros mismos diríamos cosas bonitas y honestas.

Y así fue, y fue perfecto.

 

 

Cuando creía que nada podría superar aquel momento, de repente nuestros amigos empezaron a lanzar aviones de papel. Eso fue una sorpresa para mí, que no sabía nada.

Sonaba la canción final del Episodio IV y yo no podía ser más jodidamente feliz.

 

 

Después vinieron las fotos, la fiesta, los bailes, los discursos, la banda tocando en directo, Hugo cantando My girl, los abrazos constantes, cantar a grito pelao.

La felicidad extrema de ver a toda la gente que quieres y te quiere en una sola habitación.

Cuando acabó todo, yo sólo quería que fuera 21 de Abril todo el rato.

Sigo queriendo.

 

 

Larga vida a la bodita indie.

 

*Todas las fotos preciosas las hizo mi querido Erny Gámez <3*