1- ¿Te casas? ¿Por qué te casas?

Esta, sin duda, ha sido una de mis preguntas favoritas de los últimos 12 meses. Nunca imaginé que tuviera que justificar algo así. Pero sí, se ve que sí. 

Son tiempos de poliamor y que una chica de 27 años decida casarse con su pareja y mejor amigo de toda la vida, chirría. También me di cuenta de que cuando dices que te casas, en la cabeza de la gente pasan muchas cosas muy diferentes a las que pasan en la tuya propia. 

De repente te miran y te ven señora de tu casa, algo así como una monja que se mete a un convento de clausura y que para ti la vida se acabó. Qué gran error los prejuicios. Qué gran error no darse cuenta de que las opiniones de uno, para casi cualquier cosa, se basan en la experiencia; en lo que uno piensa y siente cuando se imagina o se ve en esa situación. 

Pero jamás podrá haber dos experiencias iguales, porque no existen dos personas iguales. 

De todas esas personas que me cuestionaron, ninguna me preguntó qué sentía yo. Qué era el matrimonio para mi. Directamente me juzgaron desde el mapa de su cabeza en el que el matrimonio es X, significa Z y dura W, además de a veces añadir eso de «Eres muy jóven».

¿Pero muy joven para qué? 

De verdad me hubiera gustado que me lo preguntaran. Así, además de no sentirme juzgada, les hubiera podido decir que, como todos y como de todo, tengo mi propia definición de lo que es, de lo que significa, que es mía y que la comparto con la única persona con quien me importa compartirla: él. 

Casarme no me hace ingenua, ni menos vividora, ni me cierra puertas. Casarme no coarta mi libertad porque tengo toda la del mundo, y más. Casarme sólo ha sido la reafirmación de algo enorme que ya existía sin un papel firmado. Algo que, por supuesto, no está exento de acabar, porque nada puede escapar a la vida misma. Pero, ¿Y lo importante que es disfrutar? Poder llevar lo que sientes a la máxima expresión y ser feliz porque hiciste en ese momento lo que tú más querías. 

Si no lo hubiera hecho, aún sintiendo que era lo que quería con todas mis ganas, hubiera significado que me importa más lo que desconozco, el futuro incierto y la idea de que nada es para siempre, que el momento presente. Que lo que yo sentía en ese momento y siento ahora, todos los días. 

Y no, gracias. No quiero todo ese miedo.

Mi respuesta a la pregunta en cuestión fue la misma que doy en un bar cuando voy con mi amigos y toca pedir: Aquí cada uno, que se pida lo quiera. 

 

2- ¿Qué tal la vida de casada?

Ojalá me hubieran dado un euro cada vez que me han hecho esa pregunta en los últimos meses. Podría prejubilarme. 

Esta pregunta me gusta especialmente porque me parece hasta divertida. Me hace preguntarme qué espera la gente que suceda realmente cuando te casas, sobre todo si ya llevas tiempo viviendo con ese alguien con el que te has casado. No pasa nada especial porque no eres una persona diferente. Eres exactamente la misma persona que el día antes de la boda. Igual de feliz. Igual de normal. 

Como la pregunta a veces venía con sorna, mi mente mal pensada lo que pensaba era: ¿Me está preguntando que si me arrepiento? En plan, ¿Ya te has dado cuenta de que eso del matrimonio es una gilipollez? Lo cual conecta mucho con lo que pienso y he manifestado en la pregunta número 1. 

Aquí cada uno que se pida lo que quiera como filosofía de vida. 

Mi respuesta a la pregunta, lejos de ser borde, era muy honesta: Mi vida es exactamente igual que antes de casarme salvo porque ahora respondo a esta pregunta constantemente. 

3- ¿Para cuándo los hijos?

La pregunta del millón. A veces la misma gente que cuestiona que cases te hace esta pregunta y WTF. Casarte no sé, pero hijos a tope. 

También da por hecho que quieres tenerlos, lo cual no es obligatorio. De nuevo, una pregunta mal formulada. Además se vuelve algo incómoda de responder porque, para mí, es algo bastante personal con lo que no me gusta sentirme presionada. Ya bastante me presiona la vida, gracias. 

¿Mi respuesta? Para ahora, no.

4- ¿Te sigues viendo tanto con tu hermana?

Esta también me hace gracia. Es imposible ver a una persona tanto como la veías cuando vivías con ella (obvio), pero eso no es malo, ni siquiera significa que la veas poco. Las relaciones se transforman y se hacen incluso más bonitas con la distancia. 

Nos seguimos viendo muchísimo y cuando no podemos, hablamos por telepatía. 

5- ¿Vives de ser influencer?

Aprovecho esta oportunidad que me he otorgado a mi misma para decir que odio esa palabra. No me gusta, no me cae bien. No siento que me represente, o al menos, desde luego no como primera opción. Si eso como quinta.

Me encantaría que la gente viera mi perfil de Instagram y me preguntase lo primero si soy fotógrafa, la verdad. O que no porque tenga X número de seguidores y de tanto en tanto haga colaboraciones, se de por hecho que es mi trabajo principal. No sé, tengo un conflicto con esto en mi cabeza que no llego a resolver.

Creo que los tiros van hacia que, aún pudiendo ser considerada una persona influyente, no me siento en absoluto identificada con lo que hoy en día mucha gente tiene en la cabeza que es ser influencer; el estilo o las formas de hacer las cosas tan característica e imitativa que tienen. Me invento que a mí se me mete en ese saco que no me gusta, y eso me genera incomodidad. Matizo, me autogenero incomodidad. 

Aprovecho también para contar lo que hay detrás de las colaboraciones que a veces se ven en mi perfil. 

No os descubro la Coca-Cola si os digo que hay un negocio inmenso en Instagram con esto de las colaboraciones y, en ocasiones, mucho dinero en manos de las marcas. Es innegable que son un puente muy bueno si lo que quieres es llegar a mucha gente, con la ventaja de que además, esa gente sea el target concreto con el que quieres que, como marca, se te asocie. 

Lo que a veces parece ponerse en cuestión es que hacer de puente merezca una remuneración. O que eres menos tú y más un vendido por aceptarla. 

A título personal diré, además de aquí cada uno que se pida lo que quiera, y como fotógrafa/creadora de contenido para marcas en general, que es un trabajo pensar, crear y comunicar lo que sea. Y eso merece ser reconocido de alguna manera. Muchas veces se traduce en que te regalan cosas, otras, en que te pagan. 

No voy a entrar mucho tampoco en eso de «Es que gracias a mí ganan dinero, ergo me merezco dinero» porque la realidad es que los datos de conversión real en ventas no son tan altos como la gente cree. La mayoría de las veces a lo que ayuda y para lo que sirve es para hacer imagen de marca. Me voy a limitar a decir que sólo hacer el contenido para esa acción en concreto, ya cuesta. El precio a su trabajo lo pone cada uno. 

Yo hago muy pocas colaboraciones y en absoluto todo lo que se ve en mis fotos es regalado ni cobro por todas las acciones que hago. La mayoría son con marcas pequeñas, nacionales, que me gustan mucho y que creo que se merecen un empujón. El dinero entra por medio cuando son marcas grandes o cuando hay ciertas condiciones. También diré que mi libertad creativa está primero y es una condición inquebrantable para mí que está siempre presente en lo que se ve. Hago lo que me da la gana y me gusta, vaya.

No aspiro tampoco a que las colaboraciones me retiren y hagan rica. En mi caso son acciones esporádicas que no sólo me sirven para llegar a personas y venderles cosas, sino para llegar a posibles clientes y marcas con las que trabajar creando su contenido, estrategia y comunicación (que es lo que más me gusta hacer). 

6- ¿Qué has hecho para tener esos seguidores y que las marcas te contacten?

Hacer exactamente todo lo que me gusta, todo el rato.